Desde muy dentro sale esto que voy a escribir, quiero compartir mi historia de fútbol, mi historia de cadismo.
Aún en la cuna ya respiraba fútbol, mi padre me metió este bendito deporte, no solo este, pero principalmente si.
Quien bien me conoce se asombra cuando recuerdo datos o jugadores de cuando apenas tenía uso de razón, en esta época, aun no conocía a mi equipo, mi padre, madridista incondicional me metía en su equipo, pero el momento clave llegó en 2004, coincidí de vacaciones con un compañero suyo, cadista, cadista y más cadista, me dijo que nada más empezar la temporada me iba a llevar al estadio, yo, amante del fútbol acepté rápidamente.
Cuando pisé ese campo cambió mi vida, me enamoré, con aún 13 años abrí los ojos al pisar, el campo, que digo el campo, al pisar mi templo, cada domingo esperaba ilusionadísimo la llamada del que considero mi hermano mayor, del que me dio esta pasión, del que me presentó al Cádiz Club de Fútbol, Diego.
Cada vez iba más al campo, el primer año que comencé a ir, que cosas, el equipo empezó mal pero iba cada vez más arriba, subimos, y como subimos, en campo del eterno rival, con ese gol de Oli, el primer gran ídolo de mi historia cadista, esa narración de don Javier Bautista, jamás se me olvidará, un momento imborrable.

Después de un año ganándose la simpatía de toda España acabó descendiendo a Segunda, ahí, en 2006 comenzó mi verdadera historia cadista, conseguí pagarme el carnet de socio con un trabajo de verano.
Desde entonces, una historia de cadismo, de sufrimiento, alegrías, de sentimiento cadista, seis años de esperar el fin de semana para ver a mi equipo.
Empezó un año calmado, sin sobresaltos, con el gustazo de ver juntos a Lucas Lobos y Pablo Hernández, el único tranquilo por ahora.
El año siguiente después de una temporada desastrosa en la que se pasó de un comprador ilusionante que acabó pegando la "espantá", la vuelta de Muñoz, de un equipo para ascender a vender a Lucas Lobos, mejor jugador que he visto con la camiseta del Cádiz. Llegábamos al último partido en Alicante con la necesidad de ganar para mantenernos, penalty, minuto 97, 1-1, al palo, a la espalda del portero y fuera, después de tantas horas de autobús el guión de película de terror era espantoso, mención especial merece un grande, Joaquín, bético que me acompañó hasta Alicante, gestos que jamás se olvidan. Cerca de 4.000 cadistas que se recorrieron media España con la cara desencajada, muchas lágrimas se cayeron en las gradas del Rico Pérez.

Fuera del fútbol profesional, de la mano de Xabi Gracia nos paseamos por Segunda B, hasta que, como siempre, viene el final, la eliminatoria, lo más complicado, recibíamos al Real Unión de Irún, que había eliminado en Copa al Madrid, ganamos en casa con gol de Mariano Toedtli, un 1-0 que viendo el partido se antojaba escaso. Para no perder costumbre, a desplazarse, 14 horas en bus a Irún, mil cadistas, las entradas que nos facilitaron, allí viví el ascenso, bajo una granizada intensa y tras un partido a cara de perro, sin goles.
Todos a saltar al campo, esa sensación de celebrarlo con los jugadores, de mezclarse las lágrimas de los aficionados con las de los jugadores, ahí llegó uno de los momentos más especiales como cadista, corría como un loco celebrando el ascenso por un campo embarrado y me encuentro de frente a don Andrés Fleurquin, el que por ahora es el jugador que más aprecio de mi historia como cadista, uruguayo pero cadista como el que más, me para mientras corro desorientado por el Stadium Gal y me abraza como si fuese el mejor de sus amigos, solo me salió decirle, gracias capitán.

El siguiente año, más sobresaltos, a Segunda B, otra desilusión, amago de irse Muñoz, pero se queda en la sombra, sin lugar a dudas, la peor persona de mi historia como cadista, lo único reseñable de ese año el desplazamiento a Vallecas, que grandes, enormes, cada éxito del Rayito lo comparto, pedazo de afición.
Otra vez en Segunda B, temporada extraña, entramos cuartos en liguilla y nos toca el Mirandés, ganamos 2-0 en casa y en Anduva, previo robo arbitral nos eliminan en el 90 con el 4-1, planteamiento cagón de Jose que colabora.
Para terminar este año ilusionante la llegada de Pina que puede suponer el fin de Muñoz, todo depende del ascenso, hay que darlo todo, competencia durísima la que habrá entre los primeros, Castilla, Mirandés y Atlético Baleares, presumiblemente, junto con nosotros, con permiso de nuestros perseguidores, claro está, cuatro equipos muy muy fuertes, habrá que esperar y lucharlo a muerte, me esperará otro desplazamiento y los que quedan, cada día, por mucho que nos intente quemar Muñoz, más ganas de luchar contra él, más fuerza para gritarle que se vaya, aun queda mucha historia, mucho cadismo, muchas lágrimas de alegría y de tristeza, algún día seremos grandes, nos lo merecemos, algún día volveremos a primera para quedarnos.
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